El Gobierno Contra la Salud de los Fumadores

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En diciembre pasado el gobierno nacional argentino instruyó a gendarmería para que realice 36 allanamientos en 7 provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, dando por resultado la incautación de más de 20 millones de dólares en equipos y sustancias de vapeo, comúnmente conocidas como cigarrillos electrónicos. Entre los territorios abarcados se encontraba la provincia de Santa Fe, en la cual el senador Traferri del departamento San Lorenzo, acompañando este tipo de medidas, recientemente había presentado un proyecto de ley para la prohibición de comercialización y consumo de cigarrillos electrónicos.

En la Argentina, desde el año 2011 por medio de la Disposición N° 3226 de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) se prohíbe la venta, importación, distribución y publicidad de sustancias y equipos de cigarrillos electrónicos y sus complementos. Esta disposición, ratificada en 2016 y apoyada por organismos como el SEDRONAR, abarca exclusivamente a equipos de administración de nicotina, pero en la práctica termina cubriendo a todos los dispositivos y sustancias sin diferenciación. A pesar de esto, como con casi cualquier sustancia prohibida por el estado, el mercado negro se ha expandido y hoy en día resulta relativamente fácil conseguir estos elementos en el país.

El efervecer contra los productos de vapeo retornó en 2019 luego de una serie de internaciones y muertes relacionadas al uso de estos productos en los EEUU, impulsando a la Food and Drugs Administration (FDA) a prohibir algunos líquidos saborizados específicos que podrían haber originado los casos. Sin embargo, la investigación que permanece en curso pareciera indicar que los accidentes se relacionan a un puñado de líquidos que contienen THC y saborizantes específicos, mucho de estos de dudosa proveniencia, descartando que sea la generalidad de los productos de vapeo los culpables de las muertes e internaciones.

Ahora bien, para poder entender esta problemática es necesario separar la paja del trigo y comprender la totalidad del asunto. Primero lo primero, ¿que son los cigarrillos electrónicos?. Los productos de vapeo son un conjuntos de equipos electrónicos alimentados a batería que vaporizan líquidos que pueden o no contener nicotina y saborizantes, llegando incluso algunos a poseer derivados del Cannabis. Es importante entender estas diferencias ya que englobar a todos los productos de vapeo bajo un mismo paraguas es un error que puede llevar a emitir dañinas conclusiones.

El origen del uso de estos productos se encuentra en millones de usuarios de tabaco que, antes la dificultad de abandonar el hábito de fumar, optaron por esta alternativa que, en teoría, resulta menos dañina para la salud. Sin embargo, algunos detractores como el mismo senador Traferri argumentan que “al día de hoy, no existe suficiente evidencia científica sobre su eficacia como un sustituto saludable al tabaco. En Estados Unidos, donde hasta hace poco los cigarrillos electrónicos eran de venta libre, a partir de las muertes registradas, algunos estados ya comenzaron a prohibir su uso”. La pregunta que debemos hacernos es, ¿es esta lógica la adecuada para analizar el problema?.

Por un lado resulta falaz argumentar, simplemente por emulación, que un país como la Argentina o una provincia como la de Santa Fe debe prohibir un elemento solo porque otro país lo ha hecho. No solo esto representa una claudicación de cualquier lógica argumental, sino que puede generar contradicciones cuando encontramos otros prestigiosos organismos explicando lo contrario. Solo a modo de ejemplo, la agencia de salud pública de Inglaterra, la Public Health England, explica en su reporte del 2015 que los cigarrillos electrónicos resultan un 95% menos dañinos que los cigarrillos comunes y ayudan a la mayor parte de los fumadores a abandonar este hábito.

Por otro lado, el eje del debate debería centrarse en aspectos relativos a la evidencia científica que existe respecto de los beneficios y perjuicios reales de estos equipos. Es importante comprender que nada es absolutamente positivo o negativo, todo tiene algún impacto sobre la salud y no puede esperarse que el producto sea completamente inocuo para el cuerpo humano. En este sentido, la discusión resulta un poco más compleja, porque implica sopesar los pros y contras a los fines de evaluar el resultado neto de una política pública sobre el asunto.

El mejor y más actualizado estudio al respecto fue publicado por la prestigiosa revista científica Science en diciembre del 2019, incluyendo la problemática de las muertes e internacionales recientes, concluyendo que los beneficios de los productos de vapeo superan ampliamente los perjuicios acarreados. Este artículo recopila la mayor parte de los estudios e investigaciones sobre el tema y realiza una suerte de “meta-análisis” que permite resumir la información más reciente.

Los estudios analizados en el artículo de Science permiten concluir que, en el caso de los fumadores adultos, la evidencia científica resulta sólida respecto que los productos de vapeo son mucho más seguros para la salud del usuario que los cigarrillos comunes. La evidencia de múltiples estudios observacionales y ensayos aleatorios sugiere que vapear, incluso vapear nicotina, resulta más efectivo que otros métodos para dejar de fumar como son los parches, chicles, grupos de ayuda o la auto-restricción. Se estima que más de 1.000 millones de fumadores a nivel mundial morirán prematuramente en el siglo XXI, pudiendo estos ser ayudados por los cigarrillos electrónicos en su lucha contra el tabaquismo. A nivel global, más de 8 millones de fumadores morirán prematuramente solo en 2019. Los cálculos más conservadores sugieren que, de permitirse el uso de los productos de vapeo, en los próximos 10 años se podrían evitar 1.6 millones de muertes prematuras solo en Estados Unidos y se adicionarían un total de 20.8 millones de años de vida (computados como la suma de todos los años de vida que superan un mínimo de calidad exigida que serían salvados). Las mayores ganancias se lograrían entre las generaciones más jóvenes.

Específicamente en relación a los casos de muertes e internaciones por daños pulmonares, la evidencia sugiere que la mayor parte de estos se encuentran relacionados al uso de productos ilícitos que contienen THC (un elemento presente en el cannabis). Lamentablemente esta situación ha impulsado prohibiciones genéricas sobre todo tipo de productos de vapeo y líquidos (con o sin THC, nicotina o saborizantes) que impiden aplicar medidas concretas sobre el problema específico y fomentan políticas que pueden generar más daño que beneficios.

Los productos de vapeo pueden tener un gran impacto positivo a nivel global si las políticas públicas acompañan su implementación y regulan sólo aquellos elementos verdaderamente dañinos, en lugar de establecer prohibiciones genéricas. Medidas basadas en evidencia que permitan el uso de los cigarrillos electrónicos y acompañen su control, especialmente en relación a la calidad de los líquidos utilizados, así como restricciones en su uso por parte de menores de edad, pueden salvar millones de vidas en los años venideros.

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